La Primera Emigración a Abisinia.


  Parte de la ciudad de Aksum

Por Hisham Muhammad

Los Quraishies (de Meca) intensificaron su persecución y su acoso al Profeta (P) y sus seguidores, incluso los más influyentes entre ellos sufrieron un continuo boicot y fueron confinados a sus viviendas. Mientras tanto, los musulmanes más vulnerables eran sometidos a las torturas más brutales, terminando en ocasiones incluso en la muerte de varios de ellos.

Ante tal desfavorable panorama, el profeta permitió que algunos de sus seguidores emigraran a Abisinia en el año 615. El número total de dichos emigrantes fue de más de ochenta personas. La emigración no se efectuó en un sólo grupo, sino que fue primero planeada en secreto y ejecutada en pequeños grupos, que cruzaron el Mar Rojo hacia el cuerno de África desde el puerto de Jedda. Estos refugiados llegaron al reino de Abisinia (Axum o Aksum) cuyo Negus (título de su Rey) era  Ashama hijo de Abjar, uno de los últimos dinastas de un reino, hoy en día, casi olvidado de las páginas de la historia pero cuyo esplendor probablemente no tenía nada que envidiar al del imperio bizantino o sasánida.  El profeta (P) recomendó a sus compañeros, antes de su salida hacia el exilio, buscar la protección de este hombre refiriéndose a él como “un hombre ante el cual nadie es tratado con injusticia.” Y así fue, en estas tierras africanas, y bajo la protección de dicho rey, a los musulmanes se les permitió una libertad religiosa total.



No obstante, los líderes de Quraish a quienes no les faltó determinación, se movilizaron rápidamente para convencer a los líderes Abisinios para expulsar a los refugiados musulmanes. Con el temor de que estos últimos establecieran una comunidad musulmana influyente lejos del control de Quraish, los líderes de la tribu Mequí prepararon valiosos regalos y cuantiosos obsequios para sobornar a la corte del Rey Negus, con el objetivo de terminar influenciándole a él y provocar así la repatriación de los musulmanes a Meca.



Con este lujoso cargamento partieron dos hombres prominentes de Quraish. Abdullah Ibn Abi Rabi’a y ‘Amr Ibn Al ‘As, el últimos de los cuales asumiría un papel protagonista tanto en este incidente como en el resto de la historia islámica.  



Ambos enviados se dirigieron en privado a los generales Abisinios, para luego presentarse ante el propio Negus y rogarle:



“Algunos jóvenes descabezados, hombres y mujeres de nuestro pueblo, se han refugiado en su reino. Han abandonado su religión, no por la vuestra, sino por una que se han inventado, una religión desconocida tanto para nosotros como para vosotros. Nuestros nobles, que son sus padres, tíos y parientes, nos han enviado ante su majestad rogándole que les envíe de vuelta a su tierra.”



A esta plegaria, el rey respondió con una tajante negación inicial, diciendo:



“¡No! juro por Dios que no serán traicionados – unas personas que han buscado mi protección, han hecho de mi país su morada y lo han escogido por encima de todos los demás. No les entregaré hasta primero llamarles ante mí y preguntarles a cerca de las acusaciones que les atribuís. Si es verdad lo que decís, entonces dejaré que os los llevéis para que vuelvan a formar parte de su pueblo. Sin embargo, si no es verdad,  seré un buen protector mientras requieran mi protección."



Entonces envió en búsqueda de los compañeros del profeta (P). También ordenó a sus obispos presentarse ante él quienes acudieron acompañados de sus libros sagrados. ‘Amr y su compañero deseaban evitar este encuentro de los musulmanes con el Rey, y en realidad tenían motivos más que suficientes para así desearlo. 



Los Abisinios eran cristianos, muchos de ellos muy devotos, estaban bautizados, creían en la unicidad de Dios y habían recibido el sacramento de la Eucaristía. Como tales, eran muy sensible para con las diferencias entre lo sagrado y lo profano, y estaban totalmente conscientes de la profanidad de hombres como ‘Amr, que vienen de una cultura pagana que rinde culto a ídolos y deidades artificiales.

Nada más entrar los compañeros del profeta (P) a la sala del trono, se produjeron murmullos de asombro de los obispos y los demás tan pronto como reconocieron que estaban ante hombres y mujeres más semejantes a ellos que aquellos de Quraish. Eran personas que habían decidido purificar sus vidas, la mayoría de ellos jóvenes y su piedad y belleza interior realzaba su belleza exterior. La clara diferencias entre ellos y los dos paganos que vinieron en su búsqueda desde la ciudad de Meca era muy palpable.



Esta emigración no era una necesidad para todos ellos. 'Uthman (R.A) por ejemplo estaba entre los refugiados. Uthman era un aristócrata y un mercader pudiente de la ciudad de Meca. Su familia había intentado hacer que se retractase, no obstante el Profeta (P) le permitió partir con su hija Ruqayah (R.A), esposa de 'Uthman. Su presencia entre la comunidad de exiliados era una fuente de fuerza y consuelo. Otra pareja prominente era Ya’far (R.A) y su esposa Asma' (R.A). En Meca, contaban con la protección de Abu Talib (padre de Ya’far y tío paterno del Profeta (P)); pero los refugiados necesitaban un hombre que hablase en su nombre, un portavoz, y Ya’far era un joven elocuente que cumplió esta función a la perfección. Tenía una presencia y personalidad impresionantes, hasta el punto de que una vez el Profeta (P) le dijo: “Tú eres como yo en cuanto a presencia y carácter.” Cosa que no es de extrañar ya que son primos hermanos.



Una vez reunidos ante el Rey, este se pronunció preguntándoles: 



“¿Cuales es esta religión por la cual os habéis separado de vuestro pueblo sin entrar en mi religión ni aquella de cualquier nación de las naciones que nos rodean?"



Ya'far le respondió:



"Majestad, éramos un pueblo de excesiva ignorancia, adorábamos ídolos, comíamos carroña sin sacrificar, cometíamos abominaciones, nuestros poderosos devoraban nuestros débiles. Así estábamos, hasta que Al-lah alabo sea nos envió un mensajero de en medio de nosotros, un hombre cuyo linaje conocemos, y cuya veracidad, integridad y honradez reconocemos. Nos llamó de vuelta a Al-lah ala vado sea, a testificar su Unicidad y adorarle sólo a Él, renunciando a las piedras e ídolos que adoraban nuestros ancestros. Nos ordenó decir la verdad, respetar nuestras promesas, apreciar nuestros lazos familiares y derechos de nuestros vecinos y prójimos. Nos mandó abstenernos de cometer crímenes y derramar sangre en vano. Así, adoramos a Al-lah en solitario, y a nadie junto a Él, considerando como lícito aquellos que Él estableció como tal, e ilicito aquello que Él estableció como tal. Por estos motivos nuestro pueblo se ha vuelto contra nosotros, nos han perseguido para hacernos abandonar nuestra religión y volver a la adoración de sus ídolos después de haber adorado a Al-lah alabado sea. Por ello, hemos acudido a vuestro reino, habiéndolo escogido por encima de todos los demás, hemos vivido felices bajo su protección, y es nuestra esperanza que no suframos injusticia alguna aquí, bajo su albergue.”



Los intérpretes del rey tradujeron todo lo que se dijo. Negus preguntó entonces si tenían una revelación que su Profeta (P) les había traído de Dios. Ya’far contestó afirmativamente, a lo cual el Rey respondió: “Entonces recitadlo ante mi”. Ya’far empezó a recitar en árabe un pasaje del capítulo 19 (Maryam) revelado poco antes de su salida de Meca, que relata el nacimiento del Profeta Jesús (P):



16. Y recuerda a María en la Escritura, cuando dejó a su familia para retirarse a un lugar de Oriente.
17. Y tendió un velo para ocultarse de ellos. Le enviamos Nuestro Espíritu y éste se le presentó como un perfecto mortal.



18. Dijo ella: "Me refugio de ti en el Compasivo. Si es que temes a Al-lah"
19. Dijo él: "Yo soy sólo el enviado de tu Señor para concederte un niño puro.".
20. Dijo ella: “Cómo habría de tener un niño si ningún mortal me ha tocado y no soy una fornicadora?”

21. Dijo él: “Así lo ha dicho tu Señor: “Eso es simple para Mí, para hacerlo un signo para los hombres y una misericordia de Nuestra parte. Es un asunto decretado". (Mariam:19-21)


Cuando Ya'far terminó de recitar estos versículos, el Rey y sus obispos habían reconocido la verdad y la belleza contenida en estos versos, y sus ojos estaban derramando de lágrimas.  El Rey Negus les dijo: 



“Sin duda alguna, esto viene de la misma fuente de la que vino la revelación de Jesús (P)”.

Entonces se dirigió a los dos enviados de Quraish diciéndoles:



“Podéis retiraros, juro por Dios que nunca os los entregaré y nunca serán defraudados.”



No obstante, cuando se retiraron de la presencia real, ‘Amr dijo a su acompañante: Mañana hare que este bienestar que pretenden tener aquí se venga abajo. Le diré al rey que ellos afirman que Jesús hijo de María no es nada más que un siervo.” Y así, la mañana siguiente, vinieron ante el Rey y le dijo:



“Majestad, ellos dicen una mentira enorme a cerca de Jesús hijo de María. Envía en su búsqueda y pregúntales qué dicen a cerca de él.”



Y así fue, les ordenó presentarse ante él de nuevo y les preguntó sobre aquello que dicen acerca de Jesús (P). Perplejos ante tal pregunta, consultaron entre ellos para ver la mejor forma de presentar su respuesta, conscientes de las diferencias que les separaban en este asunto con el credo cristiano de los abisinios, aunque sabiendo que no tenían alternativa más que decir la verdad y confiar en la palabra de Al-lah.

Entonces Ya’far tomó la palabra y respondió: 



"No decimos más que aquello que nos enseñó nuestro profeta; que Jesús es el siervo de Allah y Su Mensajero, Su Espíritu y Su Palabra entregada a María, la Virgen bendita.”



El Rey entonces cogió un pequeño palo y dijo:



“Jesús hijo de María no ha excedido aquello que has dicho ni si quiera por la longitud de este palo.”



Cuando le dijo a Ya’far y a sus compañeros: “Ir a vuestros caminos, estáis a salvo en mi tierra. Ni por montañas de oro haría daño a nadie de vosotros.” Y con una señal a sus sirvientes les ordenó devolverles sus regalos a ‘Amr y su compañero, que volvieron Ignominiosos a Meca.



Mientras tanto, corrieron rumores entre el pueblo abisinio a cerca de lo que su Rey había dicho a cerca de Jesús, estos rumores causaron que la gente le pidiera explicaciones, acusándole de haber abandonado su religión cristiana y amenazando con revueltas en su reino. 



Con este ambiente tenso, el rey pidió a Ya’far prepararse para una salida de emergencia del país, preparando barcos para sus compañeros. El rey escribió entonces un pergamino en el cual declaraba lo siguiente:



“Testifico que no hay dios más que Allah, que Muhammad es Su siervo y mensajero y que Jesús hijo de María es Su siervo y Mensajero, su Espíritu y su palabra que puso en María.”



Puso este pergamino bajo su capa y salió al encuentro de sus súbditos quienes se habían agrupado para verle. Y dijo: “Abisinios, ¿A caso no me pertenece el legítimo derecho de ser vuestro Rey?” Ellos respondieron unánimemente que sí. Dijo: “¿Qué pensáis de mi vida entre vosotros?" “Ha sido la mejor de las vidas y la más recta conducta.", respondieron. "¿Entonces qué es lo que os inquieta?" Dijeron:"Has abandonado tu religión y has dicho que Jesús es un siervo." “¿Entonces qué decís de él?” preguntó. “Decimos que es el hijo de Dios" contestaron. Entonces puso su mano sobre su pecho, apuntando al pergamino escondido bajo su capa, y juro creer en “esto”. Sus súbditos lo entendieron como un juramento a favor de sus creencias. Así pues, se dieron por satisfechos y se dispersaron, ya que estaban contentos con su reinado y solo querían asegurarse de su lealtad para con su credo.





En el año 628 d. de C. unos meses antes del pacto de Hudaibiyah, llegaron noticias desde Abisinia de la muerte del compañero 'Ubayd Allah ibn Jahsh. Su mujer Umm Habibah (ra) era la hija de Abu Sufyan, gran aristócrata de Meca y hasta ese entonces punta de lanza de la campaña contra el Islam y el profeta (P). Cuatro meses después del fallecimiento de su esposo, el Profeta (P) envió un mensaje al Rey Negus pidiéndole representarle en una ceremonia de matrimonio entre el Profeta (P) y la viuda, si esta lo aceptaba como marido. Ella tuvo un sueño en el que alguien la llamaba Madre de los creyentes, lo cual indicaba que se casaría con el Profeta (P). La mañana siguiente el rey mandó informarle a cerca de la propuesta del Profeta (P) y su sueño simplemente fue confirmado. Ella aceptó y nombró a su pariente Khalid ibn Sa'id para casarla con el Profeta (P).



Entonces el Rey organizó un festín en su palacio celebrando esta unión e invitando  a todos los musulmanes.



Después de la emigración del Profeta (P) a medina, este envió una carta al Rey invitándole a proclamar el Islam. También, les hizo saber a Ya’far y su comunidad de musulmanes que le haría feliz tenerles de vuelta, esta vez en Medina. 



Ya'far rápidamente preparó su viaje de vuelta a Medina, y el Rey les dió dos barcos para zarpar rumbo a Jedda. Umm Habib no faltó entre los que regresaron. 



Cuando falleció el rey de Abisinia, el Profeta de Allah informó a sus compañeros de su muerte el mismo día que tuvo lugar, y dijo: “Pedid la misericordia de Allah para vuestro hermano.” Entonces el Profeta les lideró en una oración funeraria por dicho rey. Es de sabido de sobra que dicha oración no es efectúada excepto si el difunto es musulmán. Por lo cual es indicio inequívoco de que dicho monarca se había convertido del cristianismo al islam, y había reconocido y aceptado  la verdad en las palabras de Ya’far.

En cuanto a los enviados de Quraish, 'Amr Ibn Al'As se convirtió al Islam posteriormente y fue uno de los compañeros del Profeta (P) más prominentes y activos. Hasta tal punto que después de la muerte del Profeta (P), fue 'Amr quien abrió Egipto al Islam, bajo el Califato de 'Umar Ibn Al Jattab.


Mientras que Abdullah Ibn Abi Rabi'a, también se convirtió al Islam posteriormente, fue un gran compañero y fue gobernador de Yemen. 

Esta es una simple página de las muchas que conforman la historia temprana del Islam. Unas páginas escritas en oro, cuyo denominador común fue la entrega desinteresada y el sacrificio perpetuo del Profeta (P) y sus compañeros por su amor incondicional hacia Al-lah. 

Odiseas y esfuerzos épicos que permitieron que la luz del Islam resplandeciera hacia los cuatro puntos cardinales.



Obelisco abisinio

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