El mes de la Voluntad



Hoy comienza el Ramadán para las cerca de 1.500 personas de religión musulmana que viven en Ávila; Mohamed Jibreel, presidente de la Asociación Cultural Baraka, nos descubre cómo celebra la Comunidad Islámica estos días

 
Marta Martín Gil
HOY podría ser un día normal, pero lo cierto es que esta fecha está marcada en rojo en el calendario de todos los musulmanes que viven en Ávila. Porque esta madrugada ha comenzado el Ramadán, un mes marcado por la oración y el ayuno que los fieles musulmanes viven con devoción.


En Ávila, la comunidad musulmana está compuesta por unas 1.500 personas.

Ésta es al menos la cifra que maneja Mohamed Jibreel, el presidente de la Asociación Cultural Baraka (auspiciada por la Comunidad Islámica de Ávila, organización nacida ahora hace algo más de dos años al amparo de la Unión de Comunidades Islámicas de España y con el reconocimiento de la Administración Estatal).


Él explica qué significa para un musulmán el tiempo que ahora comienza. «El Ramadán significa tener voluntad: voluntad de sacrificio y de identificación con la religión musulmana», aclara, «se trata de sentirse unido a los demás, de colaborar entre todos».




Quizá lo más conocido del Ramadán para el resto de la población sea el ayuno que se marcan. Pero no dura todo el día ni lo llevan a cabo todos los fieles. Los niños, las mujeres embarazadas o lactantes, los enfermos y algunos ancianos están exentos, por razones elementales. Este tiempo de abstinencia, que no sólo se centra en la alimentación sino que se extiende a la actitud general del creyente, arranca antes del comienzo del alba, a las 6,27 horas, y concluye con la puesta de sol, a las 8,33 horas.


El momento de la comida. A partir de esa hora, los musulmanes pueden ingerir alimentos. Pero, tal y como asegura Mohamed, cuando llega el momento no lo hacen de forma desorbitada, como mucha gente puede pensar. También se comen con mesura los platos típicos. «Pero no nos ponemos morados», recalca Mohamed, que habla de platos típicos del norte de África, como la harira, una sopa cocinada a base de legumbres, verduras y fideos.


«Pero también se puede comer carne guisada, cus cus, verduras...», continúa explicando el presidente de la Asociación Cultural Baraka, que descubre también que, en muchos casos, antes de comenzar a comer se puede tomar un vaso de leche acompañado de dátiles. «


Esto es una costumbre, no es obligatorio», aclara. Y como hay mucha gente que por desgracia no tiene la posibilidad de preparar los alimentos con los que romper el ayuno del día, los miembros de la Asociación Cultural Baraka han decidido este año preparar la comida del final del día para todos aquellos que quieran acercarse a la mezquita, ubicada en la zona sur de la ciudad.


«Queremos ofrecer a la gente sin recursos un plato caliente», adelanta Mohamed, que cuenta también cómo, una vez alimentados, los miembros de la comunidad se unen en el quinto rezo del día. «Estaremos entre 130 y 150 personas», calcula Mohamed.


¿Y cómo celebrarán los musulmanes el final del Ramadán, dentro de un mes? Pues por todo lo alto, porque como explica el portavoz de la comunidad, para ellos esta fiesta es como para los cristianos la Navidad. «La vivimos mucho pensando en los niños», descubre. Al finalizar el Ramadán se celebra la Fiesta del Ayuno, en la que los fieles se visitan mutuamente y se reúnen para rezar.

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